Una de las razones es la de la abundancia de agua, manantiales fecundos que buscaron siempre los indígenas para establecer sus grupos de población.
Esta población se encontraba establecida en las altura del cerro ( no el cerro de Tequila, sino de la misma área donde se encuentra el Chiquihuitillo), donde los indios teochinchenses atalayaban las extensiones y ponían las reservas de seguridad necesarias para cualquier incidente guerrero.
Pero también tenían en la altura el sitio de su adoración, porque a la divinidad había que adorarla en las cumbres, levantarse del suelo, dejar el barro cenagoso y alcanzar el nivel de las nubes para dialogar con los dioses.
Así fue en El Chiquihuitillo. Aquí estuvo el templo de las tribus que pertenecieron al señorío de Teochinchán.

Hubo en esos tiempos - esto dicho como comentario - la tribu de Ciltepec que desapareció, cuando una tromba devastadora arrasó todo el caserío formando ahí lo que es ahora la Laguna de Magdalena.
Es también cierto que los pueblos orientales no avanzaron tanto como los occidentales figurando el de Teochinchán entre los más avanzados.

También ha llegado a establecerse un informe sobre la valentía y audacia guerrera de los habitantes de Teochinchán, con datos muy concretos.
Así fue que en 1513, cuando el rey de Michoacán, Tanguaxan II, llamado Calzonzi, invadió el territorio de la Confederación Chimalhuacana y de triunfo en triunfo, iba conquistando esta zona, quemando todos los pueblos por donde atravesaban sus guerreros.
Enterado Coyotl, Toactoni de Teochinchán, de aquella avanzaba terrible que venía reduciendo a muerte, a cenizas y a llanto toda la extensión de la comarca, reunió a sus guerreros y a los de sus tributarios de Atemanicam, Hostotipaquillo, Amatitán, etc. y se hizo fuerte en el cerro que hoy lleva el nombre de Tequila.

Desde ahí trabó un rudo combate con los ejércitos invasores, lucha que se alargó por varios días, sin que ninguno de los dos combatientes pareciera desistir y dejando entre ambos sembrada totalmente de cadáveres una amplia extensión de terreno.
Al fin tuvieron que replegarse los indios de Michoacán, pues no conociendo el terreno como los teochinchenses, empezaron a sufrir serios descalabros que los dejaron reducidos a unos pocos hombres. Esto hizo que Calzonzi al fin decretara la retirada y humillado y vencido regresara a su reino.
En Teochinchán nada se sabía del inminente riesgo. Las mañanas azules, con su aire transparente, recogían el humo quieto del caserío. Y la mole imponente del cerro seguía como amparando a aquellas tribus escondidas entre los pliegues montañosos.

Coyotl observaba fielmente los rituales religiosos y gobernaba a los suyos en prudencia y sabiduría.
Desde la cumbre del Chiquihuitillo oteaba el horizonte. Una escondida zozobra, un pensamiento extraño le hacía pensar en una nueva embestida de tribus enemigas.
Pero luego trataba de olvidarse de todo y no pensaba ya sino en la belleza del horizonte aquel cargado de verdura, la profundidad de la barranca con sus árboles frutales , el murmurar de los torrentes , la armoniosa paz de su pueblo.
Historia basada en el libro de Tequila Historia y Tradición de Luis Sandoval Godoy





Tierra Tequila te invita a conocer la magía y e historia que encierra este bello paisaje que enamora a quien lo visita.
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